Con el paso de los años, la palabra corporación se ha hecho cada vez más popular, ya que forman parte de nuestra vida cotidiana, vendiendo sus productos y ofreciendo una forma de vida estereotipada a costa del trabajo duro e inhumano que realizan sus empleados, del medio ambiente y la salud del mismo consumidor.
Primero que nada: ¿Qué es una corporación? Es un grupo de personas que unen intereses para generar un beneficio; legalmente, la corporación es una sola persona, la cuál es intangible. Como lo dice el documental The Corporation , “puede comprar propiedades, demandar y ser demandada”, pero ¿quién la juzga por los crímenes que cometen? ¿Es suficiente castigo una multa millonaria para una corporación que con la mano en la cintura gana el doble de esa suma? He ahí el gran problema: nadie puede hacerles daño.
¿No es irónico que una corporación que vende un producto en 150 dólares pague al empleado que lo produzca solo 75 centavos o menos? ¿Acaso no se han preguntado porqué esa camiseta de Nike está hecha en Centroamérica o en algún país de Asia? Casi nunca veremos fábricas de empresas transnacionales en países de primer mundo, porque ahí las leyes del trabajo son estrictas y tratan de ser lo más justas con el trabajador; es por eso que vienen a países tercermundistas, en los que con un poco de dinero, el gobierno los deja pasar por encima de los derechos de los trabajadores y se aprovechan de la necesidad de la gente; para ellos la mala paga es mejor que morir de hambre, situación a la que los ha orillado el sistema capitalista; no son vistos como personas, mujeres o niños, solo como mano de obra barata.
Hay una gran diferencia entre como viven los niños que son empleados en las fábricas y los niños que son consumidores, pero tienen algo en común: ambos son esclavos de las corporaciones. La publicidad es el arma utilizada por la corporación para que su producto obtenga las mayores ventas, y que mejor estrategia que hacer que los niños exijan tener todo cuanto ven en la televisión, con comerciales llamativos en los que ellos son los héroes si compran tal producto o comen en tal lugar. Es impresionante la cantidad de dinero que invierten las corporaciones en este tipo de publicidad, pero vaya que les ha dado frutos.
Desde la revolución industrial las corporaciones, en su afán de vender productos para “hacer la vida más fácil”, han estado inmiscuidas en problemas ambientales de tales magnitudes que en las últimas décadas el calentamiento global se ha acelerado de un modo aterrador. Teóricamente, deberíamos cuidar el planeta, ya que los recursos naturales que nos brinda son los que utilizamos para crear y sobrevivir; lástima que las corporaciones no lo vean de esa manera: son las mayores contaminadoras de agua, aire y suelo, por no hablar de la contaminación visual, auditiva y extinción de especies que también producen. Hablan de utilizar energías alternativas, pero al final siguen utilizando el mismo método, pues es más rentable. ¿Porqué no les importa? Tal vez porque están más preocupados en ganar dinero que en el bienestar del planeta; es el mal del ser humano, el creerse dueños del mundo, y si esa mentalidad está puesta en un solo lugar como la corporación, corremos grave peligro.
Las corporaciones tienen en cuenta el problema del agua, la cual en algunas décadas será escasa para varias regiones del mundo, así que en un caso especial de Sudamérica, a los ciudadanos se les cobraba el agua de la lluvia. ¿Se puede tener control sobre eso? Mientras halla dinero de por medio seguramente si. Es por eso que las corporaciones prefieren establecerse en países donde el gobierno es inestable, para poder manejarlo a su beneficio. ¿No sería mejor emplear toda la tecnología y el dinero que tienen en buscar alternativas que ayuden a combatir la próxima escasez de agua, en lugar de estar viendo como sacar provecho y en como adueñarse de una parte antes de que la guerra comience? ¿Serán las mismas corporaciones las que den pie a la guerra por el agua? Tal vez sea un poco fatalista pensar eso, pero no hay que descartar ninguna posibilidad; son capaces de adueñarse del porcentaje de agua restante y venderlo a altos precios. Negocios son negocios, lamentablemente.
Pero esto no solo se limita a ser dueños del planeta, sino también de la propia vida. Empresas farmacéuticas que crean microorganismos en sus laboratorios lograron cambiar la ley estadounidense en la que se estipulaba que no se podía patentar la vida. ¿A tal grado ha llegado nuestra ambición? Ahora se puede patentar cualquier ser viviente, excepto a los humanos. Que alivio, pero parece que no por mucho tiempo; ese sería el premio mayor para quien logre patentar los genomas del género humano y es una competencia que ya inició y no se detendrá.
Aparte de estas investigaciones, también se crean medicamentos, fertilizantes y hormonas que se les ponen a los cultivos y dan como alimento a los animales para que produzcan más rápido, aunque muchos de ellos son nocivos para la salud. Uno de los casos más sonados fue el de la hormona de crecimiento de Monsanto, que les administraba a las vacas un medicamento llamado Prosilac, el cuál les generaba problemas graves como mastitis; la leche contaminada con esta droga se vendía en todo Estados Unidos. Unos reporteros de la cadena de televisión FOX decidieron hacer un reportaje sobre este hecho atroz, con el cuál se estaba poniendo en peligro la salud del consumidor y este ni siquiera lo sabia. Días antes de que el programa saliera al aire, Monsanto envió advertencias en las que amenzaba a los reporteros y a la cadena FOX para que no transmitieran el reportaje. Trataron de sobornar a los reporteros y al negarse, fueron despedidos; la ley no estuvo de su parte. Tuvieron que reeditar el reportaje ochenta veces hasta que los abogados estuvieran de acuerdo en que la información no iba en contra del arreglo estipulado entre Monsanto y FOX. ¿Dónde quedó la libertad de expresión? ¿Acaso a las corporaciones no les interesan sus consumidores y prefieren que vivan en la ignorancia? Incluso tuvieron el cinismo de crear publicidad en la que afirmaban que la leche contaminada con Prosilac no hacia daño a la salud. ¿Porqué castigan a los que dicen la verdad y premian a los que mienten? Una prueba más del poder que tienen.
Al final del documental, el director Michael Moore da un discurso de cómo a pesar de obtener trabajo y dinero por parte de estas empresas, él esta en desacuerdo con lo que hacen y que espera que este documental logré que la gente quiera hacer algo por cambiar la situación que estamos viviendo a sombra de las corporaciones. Estoy de acuerdo que las empresas se saben en la cima del mundo porque el resto de la sociedad no les ha puesto un alto; hasta el momento en el que exijan ser tratadas como personas de nuevo, y no como simple mano de obra o meros consumidores, el mundo corporativo verá su fin.


