Recuerdo la primera vez que el nombre de "Harry Potter" vino a mi. Tenía 10 años y desde entonces me encantaba devorar libros, por lo que mi papá me compró el primero de una serie que tenía mucho éxito y se lo habían recomendado: este libro fue, por supuesto, la Piedra Filosofal.
En cuanto lo abrí, mi vida cambió. Comencé a leer y conforme avanzaba ya me era imposible soltar el libro. Simplemente, quedé cautivada. La historia del huérfano que vive en un mundo totalmente ajeno a él para después descubrir que es un mago y entrar al universo mágico me transportó junto con él a vivir estas aventuras, llenando mi vida de la más pura y hermosa magia. Desde ese momento decidí que acompañaría a Harry en su travesía.
En una semana lo terminé y esperé ansiosa a que me compraran los demás libros de la serie. Mientras tanto leía una y otra vez el primer libro.
Cuando recibí los otros 3 no cabía de la emoción. Los devoré sin compasión, adentrándome cada vez más en la historia, experimentando un sin fin de emociones con cada capítulo. Los leí una y otra vez, hasta que los aprendí de memoria. Creo que está de más decir que ya era una Pottermaníaca desde entonces.
Después mi emoción llegó a un nuevo nivel cuando esperaba el estreno de la primer película de la saga. Lo primero que pedí a mi madre era una bufanda de Gryffindor para ponerme en el estreno (bufanda que jamás terminó, por cierto) y contaba los días, gritaba cuando veía un promocional en la calle o en la televisión. En la sala de cine, pude ver los pasajes del libro que imaginaba en mi cabeza frente a mis ojos, algunas cosas variaban, pero en esencia era la misma magia que me había atrapado en cuanto leí el primer capítulo; recuerdo que en cuanto escuché los primeros acordes de Hedwig's theme comencé a llorar, gritaba "Go, Go Gryffindor" en el partido de Quidditch, lloré cuando Harry encuentra el espejo de Oesed, sufrí con las pruebas que tuvo que afrontar el trio para llegar a la piedra filosofal, y sentí temor al ver a Voldemort por primera vez fuera de mis pesadillas.
Después de este mar de emociones de 2 horas aproximadamente, la última frase terminó conmigo "No voy a casa, no realmente" era una invitación a regresar a aquel lugar en donde de verdad mi vida se llenaba de magia.
9 años han pasado desde aquel entonces y mi amor por esta maravillosa historia ha ido creciendo junto conmigo.
